REENCARNACIÓN: Cuando el canto de los sepulcros se hizo oír.

Entablar una conversación con Víctor Raúl Jaramillo respecto a su obra no es una tarea fácil. Este año se cumplieron treinta años del trabajo homónimo de su proyecto musical Reencarnación, detalle que no parece inquietarle mucho. Al intentar desenmarañar algo de su pensamiento lo que sí es fácil darse cuenta es que no vive de glorias pasadas ni pretende hacer gala de coronas que otros han querido ubicar sobre su cabeza.

Con 51 años de edad, una extensa cantidad de libros escritos en su rol como hombre de letras y una considerable cantidad de material discográfico, el guitarrista/vocalista no le importa mucho ser una autoridad irrefutable en materia de rock. ’Piolín’, mote cariñoso por el que le conocen sus más allegados, de hecho tiene una cualidad autónoma al concebir su labor, al punto de hacer "rasgar las vestiduras" de las mentes más conservadoras (religiosas) pero también las de los rockeros ortodoxos, enclaustrados en su concepción de ultrametal puro, enemigo de cualquier atisbo de creatividad.

Curiosamente su banda lleva en alto la bandera colombiana (sin buscarlo) en calidad de pioneros de esta corriente, inspiradores  además en los futuros integrantes de entre otras agrupaciones, MasacreTenebrarum Ekhymosis e incluso los black metaleros Mayhem, honor que comparten pocos nombres en el tema, del cual ya se han desmentido rumores y posiblemente, hablado mucho. En este escenario ¿qué implica para el metal extremo del país haber realizado su primer vinilo hace tres décadas?  

El sello de la legendaria agrupación de Medellín fue parte de una generación ferozmente marcada por su ambiente agresivo, con ley manejada por el crimen, sepultando a sus hijos mucho antes que comenzaran realmente a vivir. Lo precario de esta producción significó sin embargo un salto gigantesco del naciente underground a otro nivel, acostumbrado a registrar el sonido de sus bandas en casete sin aporte profesional ante el inexistente interés por parte de las casas disqueras en este sonido,  menos los recursos para materializar correctamente un disco. Admirado por un círculo cerrado, este larga duración tiene un valor incuestionable que marcaría la trayectoria de su autor principal a pesar del  constante cambio de integrantes en el futuro.

En 1988, obstaculizado por las limitaciones técnicas propias de lugar y momento, Piolín’ mostró el punto de partida de un metal diferente en su quehacer, orquestado musicalmente por una crudeza en efecto,  pero que ya invitaba en ciertos pasajes a no conformarse con lo que ya supuestamente estaba sentado como lo minimalista. El camino de lo experimental ya era parte de sus ambiciones, siempre abierto a la aventura de lo ignoto, con la creación de la polémica como consecuencia en lugar de una intención, lo único constante en su muy variado catálogo sonoro.

En contraste con algunos de sus colegas, algunos de ellos desapareciendo del mapa metalero lustros atrás y “resucitando” milagrosamente, ahora en boga el triunfo masivo de la nostalgia, tanto a merced de los testigos de su época dorada como para las nuevas generaciones que ven en su cualidad estética un tesoro exótico que no vivieron, Reencarnación nunca se fue y siguió en los años siguientes grabando un mayor número de trabajos, no muy pendiente del pasado, incursionando en otras perspectivas, haciendo caso omiso de los caprichos masivos.

El principal fuerte de su debut radica precisamente en ese propósito honesto aunque accidentado de elaborar algo distinto a lo ya establecido, tomando sagazmente influencias de lo latente, absorbiéndolo para visualizarse de un modo único, lección importante de antaño hacia el presente, notorio en algunas bandas, afanosas en preservar sus raíces (posición absolutamente respetable), pero dedicadas en muchos casos exclusivamente a emular y emular, usurpando migajas del ingenio creado por otros.

 Pueden oír este trabajo aquí

 

Foto: Reencarnación en Facebook

Joel Cruz

@johellcrvx